Una crisis emocional puede aparecer cuando una situación supera temporalmente tus recursos para afrontarla. Puede incluir angustia intensa, confusión, agitación, bloqueo o sensación de no poder continuar. El primer objetivo no es resolver toda la vida: es reducir el riesgo, estabilizar el momento y conectar con apoyo.
1. Revisa la seguridad
Pregúntate si existe riesgo de hacerte daño, hacer daño a alguien, sufrir violencia o quedar sin capacidad para cuidarte. Si la respuesta es sí, no permanezcas a solas: llama al 123, acude a urgencias o contacta la Línea Nacional 106. Aparta, con ayuda, medios que puedan aumentar el riesgo.
2. Reduce la intensidad del entorno
- Ve a un lugar más tranquilo y seguro, sin aislarte si hay riesgo.
- Pon ambos pies en el suelo y describe en voz alta lo que ves a tu alrededor.
- Toma agua y afloja prendas incómodas. Evita alcohol y otras sustancias.
- Aplaza decisiones definitivas hasta recuperar estabilidad y apoyo.
3. Pide una ayuda concreta
En lugar de “estoy mal”, prueba: “Estoy atravesando una crisis y necesito que te quedes conmigo durante una hora” o “Necesito que me acompañes a urgencias”. Quien acompaña puede escuchar sin presionar, ayudar con necesidades prácticas y conectar con servicios.
Prepara un plan antes de necesitarlo
- Tres señales personales de que una crisis está empezando.
- Tres acciones que suelen ayudarte a bajar la intensidad.
- Dos personas confiables y sus teléfonos.
- Tu EPS, servicio de urgencias cercano, 123 y Línea 106.
- Medidas para hacer más seguro tu entorno.
Anclaje breve: notar, conectar y enfocar
Si hacerlo es seguro en tu situación:
- Nota: reconoce “estoy en una tormenta emocional”.
- Conecta: presiona los pies contra el piso y respira sin forzar.
- Enfoca: nombra tres cosas que ves y dos sonidos que escuchas.
- Actúa: llama a una persona o servicio de apoyo.
Fuentes consultadas
Contenido educativo elaborado a partir de criterios de salud mental y fuentes institucionales. Consulta las fuentes originales:
